El escritor albanés Ismail Kadaré obtuvo en España el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. El autor de El palacio de los sueños se lleva 50.000 euros y la reproducción de una estatuilla de Joan Miró, "por la belleza y el hondo compromiso de su creación literaria". Kadaré es, sin duda, el albanés más famoso del siglo XX, un título que durante años le disputó Enver Hoxha, el dictador con pretensiones literarias que, a partir de la ruptura con Moscú en 1960, convirtió su país en la kafkiana reserva material de la esencias estalinistas. Aquella ruptura pilló a Kadaré estudiando literatura universal en el Instituto Gorky de Moscú. De regreso a Tirana, el narrador se volcó en la escritura de su primera novela, El general del ejército muerto, publicada en 1963 y convertida 20 años más tarde en una película dirigida por Luciano Tovoli y protagonizada por Marcello Mastroiani. No en vano, la obra narra la historia de dos militares italianos que intentan devolver a su patria los restos de soldados muertos y enterrados en Albania durante la Segunda Guerra Mundial. Kadaré había vivido con nueve años la ocupación alemana de su país (tema al que dedicó Noviembre de una capital), pero fue la dictadura comunista la verdadera piedra de toque de su obra. En sus propias palabras, "la dictadura y la verdadera literatura sólo pueden cohabitar de una forma: devorándose día y noche una a otra". En la novela El palacio de los sueños, publicada en 1981 y considerada por muchos como su obra maestra, denunció el régimen burocrático y autoritario de Albania. Con todo, él nunca se ha considerado un autor político. Aunque, en sus propias palabras, su fama en el exterior le sirvió como escudo salvavidas en el interior, su solicitud de asilo político en Francia en octubre de 1990 -un año después de la caída del Muro de Berlín- originó una conmoción en su país por más que las autoridades calificaran el hecho como el "acto privado de un particular". Según las crónicas del día, nada más llegar por los teletipos la noticia a Tirana, sus libros fueron retirados de las librerías donde ocupaban un puesto de honor en los escaparates sólo disputado, de nuevo, por las obras completas, en 80 volúmenes, del gran timonel Hoxha. Instalado en París, Kadaré asistió al derrumbe homérico de un régimen cuya ruina convirtió los Balcanes en un volcán que, dormido durante años, entró finalmente en erupción. Autor de obras comos La hija de Agamenón y Esquilo. El gran perdedor, el autor albanés ha demostrado con la ayuda de los clásicos griegos -los vecinos balcánicos más ilustres- la vigencia de un mundo marcado por la guerra y el drama de la libertad.
Fuente: El País/EFE
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