TEMA DE PORTADA
// Marcel Ventura
La curiosidad por lo improbable
PORTADA Ciencia más allá de los laboratorios
Ni batas blancas ni lentes bifocales ni fórmulas interminables. Lo científico no siempre debe ser incomprensible y para probarlo el mercado editorial venezolano está lleno de libros divulgativos que abarcan muchas fronteras temáticas.
La educación tiene muchas cuentas pendientes con la ciencia, pero la mayor de todas debe ser la triste costumbre de proyectarla como un tránsito espinoso, nunca un destino razonable. Y sí, la sociedad tiene las suyas, los gobiernos de buena parte de Occidente y su escaso apoyo al desarrollo científico también, pero quién puede dudar que una traumática primera experiencia con la física del bachillerato sienta un precedente indeleble. Para bien o para mal, el camino que toman los estudiantes de nuestro continente no suele ser el de la ciencia y de ahí en adelante la relación con ese campo del conocimiento tienda a complicarse. Sin embargo las librerías del país tienen muchas opciones que buscan invertir esa relación y rescatar de forma sencilla la idea de que la ciencia no es sólo un pizarrón lleno de fórmulas, sino curiosidad, método, inventiva y el proyecto vital de buscarle explicaciones a lo que nos rodea.
De lo imposible a lo improbable
No todos lo reconocen abiertamente, pero por ahí andan, no lo duden. Son la primera de las sucesivas generaciones de hombres y mujeres para los que la palabra Enterprise jamás se traducirá al castellano como “empresa” sino como “la nave que comandaba el capitán Kirk”. Ahora que rondan los 50 años la mayoría reniega de las orejas puntiagudas de plástico que guardaron -y usaron- alguna vez, pero son trekis , desde entonces seguidores silentes de los pasos de un William Shatner que hoy cuenta más kilos que pelo. Normal, ya son 43 años desde que Star Trek se estrenara en 1966.
Aunque duró apenas tres años, generó un universo propio que hoy en día llega a 11 películas y un total de cinco series televisivas, pero, sobre todo, hizo de la ciencia ficción un fenómeno masivo que ya no conoce edades. La guerra de las galaxias y El planeta de los simios no existirían sin Star Trek y quién sabe si Física de lo imposible (Debate) hubiera tenido algún sentido, porque el libro del estadounidense Michio Kaku está hecho a la medida de trekis y seguidores incondicionales de Han Solo o Futurama o The Big Bang Theory o cualquier programa documental que nos venda la idea de que el futuro es ahora aunque llevemos años esperando el carro volador y la teletransportación. Ahora bien, ¿por qué seguimos esperando eso?, ¿qué nos falta para viajar en el tiempo, volar a la velocidad de la luz y ser invisibles? Física de lo imposible reúne todas las preguntas que un aficionado de la ciencia ficción o un curioso se pueden hacer y, lo más importante, da respuestas más que solventes a casi todas.
El autor nació en Estados Unidos en 1947 y su infancia quedó marcada por dos sucesos: la muerte de Albert Einstein y la serie de televisión Flash Gordon . Del primero tomó un inmenso respeto por la ciencia y del segundo la curiosidad necesaria para explicar en la vida real las líneas paralelas que suele trazar la ficción, notoriamente desde Julio Verne, con la realidad. A la luz de su vida actual cumplió muy bien sus planes, ya que es uno de los físicos teóricos más importantes de la actualidad (uno de los creadores de la teoría de campos de cuerdas), pero es igualmente reconocido por su honda labor divulgativa, que lo ha llevado a escribir una decena de libros y participar constantemente en programas de radio y televisión. Algunos se animan a decir que Kaku será galardonado con el Premio Nobel más temprano que tarde, por eso llama la atención que en Física de lo imposible consiga un manejo del lenguaje tan simple como para explicar sin mayor problema las máquinas de movimiento perpetuo como quimera de la generación eterna y gratuita de energía, por ejemplo.
El libro se fundamenta en esta premisa: si bien en el siglo XIX y a comienzos del XX los científicos no conocían todas las leyes que rigen la física y la ciencia, los avances que se han dado en ese campo actualmente sí permiten predicciones más exactas de lo que puede o no hacerse, de lo improbable más que de lo imposible, ya que para el autor hablar de imposibles, a secas, no es la opción más correcta pues la historia ha demostrado que de ellos se ha alimentado la ciencia para generar sus propios postulados.
Física de lo imposible se divide entonces en tres categorías: “Imposibilidades de clase I”, “Imposibilidades de clase II” e “Imposibilidades de clase III”. La primera se refiere a tecnologías que no violan las leyes de la física conocidas, por lo que podrían ser desarrolladas en el futuro próximo. La segunda habla de las tecnologías que están en el límite de la comprensión actual de las leyes de física y la tercera profundiza en las únicas dos tecnologías frecuentes en la imaginación colectiva que de lleno violan las leyes de la física conocidas y cuya posibilidad futura representaría un cambio drástico en nuestra comprensión del mundo y el universo.
A los entusiastas del futuro les encantará saber que de las 15 tecnologías analizadas por Kaku, diez están en la primera categoría, entre ellas la invisibilidad, los campos de fuerza, la teletransportación, las naves estelares y las estrellas de la muerte. En la segunda categoría entran tres, todas referidas a la posibilidad del viaje, ya sea a la velocidad de la luz, en el tiempo o a través de los universos paralelos. La tercera categoría, como es de esperarse, es la más abstracta de todas, y habla de la precognición y las ya mencionadas máquinas de movimiento perpetuo.
¿Brujería o ciencia?
Con esa provocación el Premio Nobel de Física Georges Charpak prologa el libro Magos, gurús y sabios , escrito por Henri Broch y editado en Iberoamérica por Gedisa. Se trata, esencialmente, de una defensa del método y el pensamiento científico frente a las supersticiones y la parapsicología. Ahí donde nos venden la posibilidad de un dote sobrenatural, Broch propone experimentos sencillísimos para demostrar que los postulados de la ciencia o la lógica común pueden explicar casi cualquier hecho paranormal. Y en el libro hay varios.
Broch es un escéptico profesional que no suele decantarse por el tono acusador que busca mentirosos y acreedores de la verdad, sino que prefiere dejar a la evidencia hablar: Si los zahoríes afirman que pueden encontrar agua con el uso de dos varas metálicas en ángulo recto, cada una en una mano, entonces Broch sugiere que basta con doblar un poco ese ángulo para fingir los “movimientos involuntarios” que sustentan esta centenaria práctica. Pero si eso no es suficiente, muestra datos de pruebas en las que los zahoríes son vendados y desubicados, siempre con el desafortunado resultado de no repetir el lugar exacto en el que dijeron encontrar agua inicialmente.
Pero los zahoríes son sólo uno de los muchos aludidos en Magos, gurús y sabios , donde también tienen cabida los monjes shaolin, supuestos superdotados en cuanto a la resistencia del dolor se refiere. Bien, hay una explicación para todo, algunas absurdamente sencillas como por ejemplo el supuesto dote de resistir el calor de un carbón en brasas entre las palmas. Según el libro basta con tomarlo con las dos manos bien cerradas y frotarlo rápidamente. El principio es básico: evitar que llegue oxígeno para que el carbón gane temperatura y frotarlo para que el calor se distribuya en lugar de concentrarse. Eso sí, que quede claro, con esto no pretendemos animar a nadie a mostrar su nueva habilidad shaolin en su próxima parrilla.
La ciencia como un punto de quiebre
El físico nuclear español Manuel Lozano Leyva tiene un par de libros de fácil rastreo en las librerías que están hechos para convencernos de que el azar juega un papel crucial en la ciencia, si bien no todas las personas poseen la capacidad para interpretarlo y hacer de él un postulado científico porque, al fin y al cabo, ¿quién hubiera gritado ¡Eureka! en lugar de molestarse por haber llenado demasiado la bañera y provocar un reguero? Esa famosa anécdota protagonizada por Arquímedes, que devino en el principio fundamental de la hidrostática, abre el libro De Arquímedes a Einstein (Debols!llo), que reúne los diez experimentos más bellos de la física. ¿Y qué implica la belleza en ese contexto? Lozano Leyva explica en la introducción el origen del texto y en respuesta a esa pregunta asegura que se trata de experimentos hechos con pocos medios que tuvieron la gran capacidad de cambiar el pensamiento dominante de su época. El autor además advierte que pensó en un público lector conformado por madres y padres de chamos de entre 12 y 16 años, por lo que hizo un esfuerzo muy evidente en explicar estos diez experimentos con suficiente rigor científico, pero sin olvidar el contexto histórico en el que incluye un guiño: casi siempre hay alguna referencia a la infancia de estos grandes científicos, por lo general niños con problemas en las escuelas. Puede que se trate de un aliento para los padres, amparado en las deficiencias sempiternas de la educación. “En su casa” -parece decir Lozano Leyva- “puede estar el próximo gran científico.”
Eratóstenes, con su sorprendente método para medir la circunferencia de la tierra en el año 235 a.C., ocupa el segundo lugar de los experimentos, seguido por Galileo y Newton, hasta llegar a Einstein. Hay algo motivador en el tono que usa el autor, una invitación tácita a vivir la ciencia, por eso no es casual que unos años después escribiera Los hilos de Ariadna (Debate). La intención de ese libro es más explícita aún: motivar a los adolescentes a desarrollarse en carreras científicas, al mostrarles los finos hilos que unen y han unido a la ciencia durante la historia.
Las dos diferencias más evidentes con respecto a De Arquímedes a Einstein radican, primero, en su extensión, ya que Los hilos de Ariadna es casi el doble de largo y, segundo, en los temas, pues no se trata de experimentos puntuales sino de la evolución de los conceptos y postulados a lo largo del tiempo. Ninguno de los diez capítulos tiene desperdicio y no es necesario leerlos en orden. De hecho, al tratarse de temas muy distintos como la circulación de la sangre, las placas tectónicas, las galaxias o el concepto de la nada, se puede abordar según la vocación del lector. Precisamente el capítulo sobre el concepto de la nada en contraposición con el de lo infinitesimal cierra el libro y ahí se aprecia con especial énfasis la capacidad divulgativa de Manuel Lozano Leyva, quien seguramente ya habrá conseguido algún científico nuevo con estos dos libros.
Al Gore no es el único que habla del clima
“Hola, me llamo Al Gore y solía ser el próximo Presidente de Estados Unidos”. Así comienza el celebérrimo documental Una verdad incómoda , que tiene su par impreso en la editorial Gedisa, pero luego de un Premio Nobel de la Paz y esa aura nueva de hombre adelantado a su tiempo, se puede decir que las cosas no le salieron mal al ex-vicepresidente de la administración Clinton. Aunque es la voz más reconocida a nivel popular en el área del cambio climático, hay muchos libros anteriores a Una verdad incómoda , cuya versión pensada en los jóvenes también se puede conseguir en el país, llena de ejemplos fotográficos y con los datos justos para sostener el argumento de Al Gore.
Precisamente los datos que se usan en Una verdad incómoda suelen ser criticados por fatalistas, pues representan el peor escenario posible, por eso si buscan una lectura más ecuánime la mejor opción es El clima (Debols!llo), de Manuel Toharia, una guía didáctica, cargada de menos apocalipsis y que incluso contempla la influencia de los cambios naturales que sufre el planeta desde hace milenios, acelerados, eso sí, por la presencia del hombre sobre la Tierra. Toharia no duda en recriminarle a los grupos ecologistas una dañina tendencia a pensar que el mundo se va a terminar pronto y los considera tan responsables de la falta de conciencia climática como a los científicos que desoyen el papel que juega la raza humana en este proceso. Vale la pena prestarle especial atención al capítulo que establece las diferencias entre clima y tiempo, porque es la base de lo que plantea el libro.
Aunque el cambio climático suele verse como un tema exclusivo del presente, El largo verano<(i> (Gedisa), escrito por Brian Fagan, tiene la virtud de explicar el fenómeno a través de la historia de la humanidad y la magnitud con la que ha influido en las civilizaciones. Ni somos los primeros en sufrirlo, ni somos los primeros en provocarlo de algún modo, por eso resulta tan novedoso leer que el clima le causó muchos problemas a los mayas en sus últimos años, u obligó al desarrollo de importantes logísticas en la Roma imperial. Hablar de revelación es exagerar, pero lo que escribe Fagan es una de las teorías científicas mejor explicadas y más novedosas que se pueden encontrar en nuestras librerías hoy por hoy.
El libro sagrado del universo
Lo más cercano a la Biblia científica debe ser El camino a la realidad (Debate), de Sir Roger Penrose, un nombre que se debe escribir siempre con todas las mayúsculas por su incansable aporte a la difusión de la ciencia. El símil, en cualquier caso, no está pensado a la ligera ya que las 1.470 páginas del texto están impresas sobre papel biblia. El parecido es sorprendente.
Lo que promete El camino a la realidad también tiene un gran alcance, absoluto, nada más y nada menos que “una guía completa de las leyes del universo”. ¿Todas? Pues sí, o al menos suficientes como para que un no científico se entretenga por muchos años. Penrose, en cualquier caso, suele aspirar a grandes empresas en sus libros y en más de una ocasión ha sido criticado por añadirle a eso una pretensión filosófica dentro de su área de estudio, la física matemática. A lo largo de los años ha sido comparado con Stephen Hawking, hasta el punto de compartir varios galardones, pero Hawking aún no ha emprendido un proyecto editorial tan ambicioso como El camino a la realidad .
Ante todo hay que decir que de los libros que aparecen en esta nota el de Penrose es el único cuya lectura jamás puede ser lineal, de principio a fin. Hay que tomarlo como un libro de referencia y reconocer que su tono no siempre será divulgativo, aunque su enfoque sí lo es. El texto consta de 35 capítulos, a su vez divididos en un promedio de siete subcapítulos, por lo que la magnitud lo convierte en un infaltable de toda biblioteca que se precie de ser diversa, pero nunca en la “lectura pendiente de nuestra vida”. El método más sensato para abordarlo es buscar cada vez el tema que nos interese, aunque si se trata de un lector con poco entrenamiento en el lenguaje científico las posibilidades de comprender las teorías del siglo XX se reducen significativamente.
A pesar de ello, El camino a la realidad conserva un muy buen promedio de textos fácilmente inteligibles, sobre todo a la hora de referirse a las bases mismas de la matemática y la física, como el Teorema de Pitágoras, los tipos de números, las leyes de Newton, ciertos postulados de Einstein, etc. Frente a los gráficos complejos y las fórmulas los no-científicos no deben asustarse, ya que en muchas ocasiones la explicación de Penrose se basta a sí misma.
Y como la Biblia tiene un Génesis, El camino a la realidad no se queda atrás. El primer capítulo dibuja el concepto del autor sobre la ciencia, un esfuerzo constante e infinito por encontrar la verdad, por dar con el sistema que perdurará en el tiempo. Finamente escrito, es susceptible de convencer a cualquiera de que la ciencia, cómo no, es un pequeño gran dios. Amén. O ¡Eureka!
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