TEMA DE PORTADA
// Equipo El Librero
Ideas para explotar el potencial
Algo por celebrar, mucho por hacer
Distintos actores de la cadena del libro, a lo largo de sus distintos eslabones, proponen ideas para discutir y probar para que todos los lectores estén bien servidos, para que se multipliquen y para que todas nuestras capacidades se implementen al máximo
Ya se está haciendo vieja la noticia de que hay un boom editorial en Venezuela, tal vez porque el tsunami económico ya está tocando a las editoriales y las librerías, y hasta a las imprentas. Pero todavía hay mucha agitación en este mundo, como lo probó el reciente Festival de la Lectura de Chacao 2009, un fenómeno de público y de ventas. Y desde que el libro salió del anexo uno de la lista de Cadivi, el tema del dólar se ha vuelto central. Así que hay que buscar soluciones para que lo que se ha logrado en los últimos años no se pierda. Soluciones que, a falta de cifras confiables y de solidez gremial, deben encontrarse a punta de diálogo, de ingenio y de sentido común.
Frente a una masa indeterminada de lectores, que muchos sospechan mayor de lo que se cree, cientos de empresarios, funcionarios y empleados están involucrados en el sector editorial venezolano, gente de edades, formaciones y hasta nacionalidades distintas, en una industria que ha sido notablemente enriquecida por los aportes de los inmigrantes. De ellos, unos pocos, una pequeña muestra de las voces que tienen mucho que decir, participaron en esta encuesta. Ellos son los escritores Roberto Echeto, Antonio López Ortega, Leonardo Padrón, Fedosy Santaella, Ana Teresa Torres y Héctor Torres; el impresor Eligio Restifo, hijo, de Impresos Melvin; los editores Ulises Milla, director de Alfa Grupo Editorial, Vïctor García, director comercial de Random House Mondadori, y Blanca Strepponi, directora de Magenta Ediciones; los libreros Vicky Dum (VDL Books), Javier Marichal (Estudios) y Alexis Romero (Templo Interno); los profesores y críticos Roberto Lovera De-Sola y Luis Yslas; y para dar una visión distinta, los consultores gerenciales Leonardo Pizani y Michael Penfold. Por las instituciones promotoras de lectura, habla María Beatriz Medina, directora ejecutiva del Banco del Libro.
Notará el lector la preocupación tan extendida sobre las dificultades para importar y sobre la creciente escasez de insumos para imprimir, que está golpeando tanto el precio de los libros y su misma disponibilidad en las librerías. Un tema sobre el que ya hemos hablado abundantemente en esta revista pero que no se puede eludir a la hora de lanzar cualquier mirada sobre la situación actual del libro en Venezuela. Pero también, se distingue en estos comentarios la permanencia de algunos problemas históricos, como el descoyuntamiento de un sector que no ha aprendido a verse a sí mismo como un circuito que requiere de la cooperación interna, y quejas que llevan décadas, para nada exclusivas de nuestro país, acerca de la inexistencia de esfuerzos consistentes para promover a nuestros autores dentro y fuera de estas fronteras.
Estas ideas, algunas antiguas y otras novedosas, son sólo puntos de discusión, líneas de partida (o de meta, según el caso). El Librero no puede resolver los grandes problemas que desde la distorsionada economía nacional se ciernen sobre la industria del libro, pero puede mantener un debate vivo en la esperanza de que entre todos iremos encontrando salidas sin esperar a que las soluciones caigan desde el firmamento de Papá Estado.
PRIMER ESLABÓN: ESCRIBIR
“Los autores no pueden hacer nada, salvo escribir. Quizás puedan contribuir promoviendo sus libros y los libros de otros, pero no hay que pedirles milagros a nadie, y menos a los autores” (Roberto Echeto).
“Algunos autores deben bajarse de la nube de la soberbia y la exquisitez, y muchos libreros también. Abajo, todos juntos, pueden hacer algo. Algo más: los libreros podrían comenzar a considerar que los autores venezolanos también venden, y darle un lugar de privilegio en las librerías” (Fedosy Santaella).
“Creo que los autores están haciendo su parte, en la medida de lo posible. Es decir, están escribiendo pensando en el público y están entendiendo la necesidad de contribuir con la promoción de la obra” (Héctor Torres).
“Los escritores sólo deben hacerle caso a sus ganas, sin mediar demasiado con la necesidad de reclutar lectores, papel que acaso deben llevar a cabo las editoriales. La serie ‘Llámalo amor, si quieres’ fue algo hecho sin pruritos trasnochados y con un cierto dejo de audacia. Y funcionó. Funcionó extraordinariamente. Quizás algunas de esas estrategias son susceptibles de ser replicadas en mayor escala, ¿no?” (Leonardo Padrón).
SEGUNDO ESLABÓN: PUBLICAR
“Las editoriales ahora apuestan más por los escritores del patio. Eso, por supuesto, no indica más calidad, sino una mayor cantidad de oferta de libros escritos en el país. Eso ya es ganancia. Los criterios de calidad requieren de un mayor tiempo de decantación. Lo interesante es que, pese a los problemas que padece y seguirá padeciendo la industria editorial, ahora en Venezuela se percibe un mayor interés por la lectura. De toda clase de libros. Y se nota además un mayor interés por lo que se está escribiendo y publicando en el país. Es comprensible: en épocas de crisis de sentido, la gente tiende a buscar otras vías de información y hasta de distracción –diferentes a las habituales, como la TV, el cine y la Internet– para buscar respuestas a la incertidumbre individual y colectiva, o también, para mantenerse informada con criterios menos fugaces e inconsistentes que los que les ofrecen los medios audiovisuales. Y, claro, si el número de lectores crece, es lógico que también crezca el número de escritores. La gente tiene una necesidad de contar su propia versión de lo que ocurre, ya sea a través de la crónica, la historia, la autobiografía, el testimonio, el ensayo, la poesía, el guión cinematográfico o teatral, la ficción narrativa, entre otros discursos” (Luis Yslas).
“No creo cierta esa aseveración, casi mítica, que en otros países 5000 ejemplares es un promedio o un estándar para el lanzamiento de un título. Me consta que tanto para editoriales españolas o argentinas, por poner sólo dos ejemplos de mercados editoriales respetables, vender 5.000 ejemplares es una gran alegría. Es la constatación de que tu olfato editorial ha funcionado una vez más. Sin embargo, una cosa es hacer una tirada de 5.000 ejemplares y venderla en seis meses y otra cosa, muy diferente, es vender esos 5.000 ejemplares a lo largo de tres años. En este último caso, aunque hayas vendido toda la tirada, los tiempos para amortizar tu inversión inicial han sido tan largos que si miras con lupa tus números no podrás evitar cierta mueca de tristeza” (Ulises Milla).
“Se pueden hacer muchas cosas desde muchos frentes. Para mí la edición universitaria se constituye en excepción, porque es hoy por hoy el único agente público libre de toda imposición política. Las universidades públicas editan mucho, pero fallan letalmente en materia de promoción y mercadeo. De manera que en esta área la agenda es exigente” (Antonio López Ortega).
TERCER ESLABÓN: IMPRIMIR
“En el cuadro de costos de producción de un libro, la impresión significa un 80% del total. Esta proporcionalidad implica que cualquier aumento de precios que se produzca en el costo de impresión redundará de forma muy visible en el PVP. En el último año, por ejemplo, los aumentos ha sido tan importantes que hemos tenido que absorber parte del incremento para atenuar el golpe a un mercado editorial nacional que apenas ha roto el cascarón” (Ulises Milla).
“Estoy de acuerdo con producir en Venezuela. Hagámoslo. Sin embargo, esta industria es complicada. Las máquinas de las imprentas no se pueden producir donde sea, son complejas, llevan piezas hechas en todas partes del mundo. Son de altísima tecnología, alemanas, y no se pueden reemplazar con una hecha acá. Luego está la tinta, que no es cualquier tinta. También están las películas, y el papel, que es lo más importante. El papel se hace en Finlandia, o en Canadá. Y sube de precio a diario. Todo esto hay que traerlo de afuera. Nosotros producimos 25 000 libros al mes, y tenemos capacidad para hacer cien mil. Y tenemos a autores de renombre, como Isabel Allende y Stephen King, y tenemos también una parte nacional y libros que al gobierno le gustaría ver publicados, Fernando Báez, García Márquez. Tenemos la mejor edición de Los Miserables. Propongo entonces una concertación entre todos los factores involucrados en el proceso editorial: los autores, las editoriales, las imprentas, las librerías, y el gobierno. Es decir, que se clarifique la producción de todos, que las editoriales digan, yo puedo hacer tantos libros al mes, la librería diga yo te puedo comprar tantos, la imprenta diga yo te puedo hacer tantos, y se vea cuánto puede importarse y cuáles son los costos de todo. Una vez hecho eso, que el gobierno lo sepa, para que también diga, yo puedo dar tanto, y se reparte. Cuando venga algún vivo a decir que quiere más de lo que necesita, se sacan los balances de impuesto del SENIAT, acá yo pagué lo que importé, y así sucesivamente. Si se conocen todos estos problemas se pueden ir solucionando, como se ha hecho en todos los países que han tenido problemas cambiarios. No puede dejarse todo como está, si dejamos que siga le hacemos un favor a los que pretenden desprestigiar al país diciendo que hay censura, o lo que sea. Hay desorden, eso sí. Pero censura no” (Víctor García).
“La mayoría de nuestros problemas vienen de la falta de insumos y de liquidez que hay en el mercado. Por un lado, casi todos los insumos que utilizamos son importados, y en el caso de las planchas y los negativos, que son un diez o un veinte por ciento del costo de un libro, no hay alternativas nacionales. Por otro lado, ahora mis proveedores me exigen que les pague de contado, aunque algunos de ellos tienen treinta años trabajando con nosotros. Eso dificulta la producción y la planificación. Hay que sincerarse y usar los materiales más económicos posibles o que sean rentables porque son nacionales. El acabado del libro en Venezuela, en papeles de ochenta gramos, es de calidad mundial, en mi opinión, pero tiene un costo demasiado alto. Hay que buscar alternativas o bajar la calidad de los insumos, porque no creo que el lector pueda pagar libros tan caros. Manpa es la única empresa venezolana que produce un papel que nosotros usamos, el Bond 20, pero no se da abasto para proveer a todos sus clientes y se tarda mucho, con lo que uno puede quedarse una o dos semanas sin materia prima. Estamos tratando también de obtener tinta nacional, que algunas veces, no siempre, es de menor calidad, depende del proveedor” (Eligio Restifo).
“Los distintos eslabones de la cadena del libro deben aprender a coordinarse entre sí. Sólo así podrán resolver sus problemas. En Venezuela uno de los mayores inconvenientes son los insumos; si los distintos actores se ponen de acuerdo para importarlos o implementar mecanismos para producirlos luego aquí, sin dependen permanentemente de las divisas que provea el Estado. Aquí es muy difícil coordinar esfuerzos, pero hay que hacerlo. Hay que ver esto como lo que es, una cadena, y dejar de confundir competencia con competitividad, un concepto mucho más amplio que recomienda la cooperación” (Leonardo Pizani).
CUARTO ESLABÓN: DISTRIBUIR
“En materia de importación, el mejor regalo que podría recibir el lector venezolano es libros importados a dólar oficial; si algún rubro lo merece, es precisamente éste. Pero las autoridades no actuarán en este sentido, ocupadas como están en la dádiva continental. ¡Si hasta están pensando en penalizar el libro con el IVA, cuya eliminación fue una gran conquista cuando se promulgó la Ley del Libro! Los libreros pueden ayudar rebajando al máximo las barreras que alejan al lector de la lectura. La recesión ya llegó y la carestía del libro importado ya es un hecho. Viviremos un período semejante a septiembre del 2003, cuando los anaqueles estuvieron vacíos y la oferta nacional se incrementó por la falta de novedades importadas. Será un período de aguante, de resistencia, hasta que la economía se estabilice y los precios vuelvan a bajar. Mientras la marejada se mantenga, repito, la mejor solución es mantener los precios más asequibles” (Antonio López Ortega).
“Primero deberíamos entender que estamos en emergencia. Sobra decir que el control de cambio está ahogando a la industria del libro. Las librerías no tienen novedades, los precios de los libros son obscenos, falta papel en las imprentas, resulta difícil pagar derechos a los autores extranjeros... Se podría pensar que el que no haya novedades en nuestras librerías es una cuestión frívola, pero piensen en la literatura médica y díganme si eso es una frivolidad. Segundo creo que debemos sincerarnos. Si queremos libros, no los podemos tener baratos. Las palabras "libro" y "barato" no volverán a estar juntas en Venezuela. Al menos no de la manera seria y digna que conocimos en el pasado. Pero no nos asustemos. Quizás el no poder comprar cualquier libro, nos hará más exigentes como lectores” (Roberto Echeto).
“No se ha vertebrado un sistema distribuidor para las numerosas obras que los autores venezolanos editan con dinero de su propio peculio: para estas, que a veces son tan importantes como las que publican las editoriales, hay que formar una distribuidora del libro venezolano. Y las editoriales deben hacer algo para que los libros estén siempre a la mano del que los busca. Lo habitual entre nosotros, muy malo desde todo punto de vista, que salir un libro este se presente y se distribuya en las librerías. Pero al agotarse esos primeros ejemplares el libro no vuelve a las librerías y es imposible encontrarlo. La situación es tal que los lectores están obligados a comprarlos al salir porque sino el día que deseen ir a las librerías a buscarlos para leerlos no los encontrarán” (Roberto Lovera De-Sola).
“El problema de las novedades internacionales no nació con el control de cambio. Esto le provocó una metástasis, pero ya existía una tradición de ignorar ciertos libros que tienen lectores en Venezuela. Es sobre todo ignorancia, como importar abrigos en verano. Es que las distribuidoras, como muchas editoriales, no conocen a los lectores. Si este eslabón es débil, la relación de los lectores con los libros que están esperando será aleatoria. El sector entero debe profesionalizarse: editores, libreros, empleados de librerías, y esas personas que son el contacto entre el librero y el editor o el distribuidor. Eso no será una panacea, pues ninguna solución en este sector es a corto plazo, pero ayudará mucho. No entiendo por qué los dueños de librerías no entienden que el que un cliente lo atienda un lector les traerá ganancias” (Javier Marichal).
“Debe existir una comunidad de aprendizaje para los libreros. También para los empleados de los almacenes de las distribuidoras y editoriales, que deben cuidar los ejemplares, y para los encargados de suplir a las librerías, que deben saber expresarse y al menos leer lo que pretenden vender” (Alexis Romero).
QUINTO ESLABÓN: PROMOCIONAR
“Pienso que es poco lo que puedan hacer editores, libreros, autores y lectores para mejorar, a gran escala, el sector editorial actual, pues se trata de un problema cuyas soluciones efectivas y masivas deberían estar, como es lógico suponer, en manos del Estado. Y ya sabemos de las restricciones económicas y legales de variada índole. Acaso una posible respuesta a esta situación, sea la de continuar con iniciativas que aproximen los libros a la gente, y en esa cercanía, los lectores de todo tipo tenga la posibilidad de encontrarse, de dialogar y de reconocerse como actores de una cultura libresca activa. Pienso en actividades como ferias del libro, encuentros de escritores, la alternativas de los blogs y otros mecanismos de publicación on line, la creación y distribución de revistas literarias de factura independiente, y una serie de eventos que hagan del acto solitario de la lectura también un acto solidario. Se suele decir que en tiempos de severa dictadura, a los libros los prohíbe la policía, mientras que en tiempos de explotación capitalista, a los libros los prohíbe el precio. En Venezuela, al parecer, el lector vive la paradoja de estar cada vez más acorralado por ambas amenazas” (Luis Yslas).
“Ese asunto de que estamos en un buen momento para la literatura venezolana es ya casi un lugar común que tiene sus verdades y sus mitos. Por una parte, sí se está escribiendo bien y con bastante regularidad. Por la otra, las editoriales están publicando literatura venezolana de una forma bastante significativa. Incluso, se puede afirmar que se está leyendo más libros venezolanos. Lo que también es una realidad es que ni el Estado ni la Cámara que agremia a los editores parecieran estar haciendo algo por ganar nuevos lectores, en un plan sistemático. Tengo la impresión de que están leyendo más libros venezolanos la gente que más o menos siempre ha leído, que siempre ha comprado libros. Muy posiblemente por la escasez de novedades venidas del exterior. Pero para que ese mercado se fortalezca hace falta pulir todavía más los engranajes de la industria editorial. Sabemos que con el Estado no se cuenta demasiado, ya que tiene una visión sobre el tema bastante alejada de la realidad. Entonces el asunto queda entre los autores, las editoriales y los libreros. ¿Dónde está la tuerquita floja? En la promoción y en la distribución, que todavía es muy tímida. Sin generalizar, porque hay casos muy notables, todavía nos encontramos que algunas editoriales tienen una promoción muy pobre de sus novedades. Si no fuera por las poquísimas publicaciones especializadas (como El Librero o los blogs dedicados a las reseñas de lecturas) es muy poca la información que manejan los libreros acerca de qué van las novedades que reciben, y siendo que son el último eslabón de la cadena de comercialización, debe tener más atención respecto a los libros que vende. Por otra parte, las editoriales podrían arriesgarse un poco más a vender a sus autores sin complejos. Creyendo en sus productos. Es decir, no basta la distribución de los libros, el lector venezolano tiene que creer en sus autores, y estimular esa fe es una labor fundamental de la piedra fundamental de ese negocio: las editoriales. El momento es ahora” (Héctor Torres).
SEXTO ESLABÓN: VENDER
“En Venezuela se está leyendo. El problema es que hay unos cuantos lectores exquisitos que pecan de campesinismo cosmopolita, y ellos son los que dicen que en Venezuela no se lee, pues no se lee lo que ellos quieren que se lea” (Fedosy Santaella).
“Los libreros deberíamos tener una red, ayudarnos, hablar”. (Javier Marichal).
“Hay que crear una plataforma comercial común que beneficie a todos, desde el distribuidor o editor hasta el lector. Los libreros debemos ponernos de acuerdo sobre unos procesos que garanticen al lector que va a conseguir el libro que está buscando. Debemos visitarnos y saber qué tiene el otro, y debemos ser fuente de cordialidad y respeto hacia el cliente. Ayudar a encontrar un título, aunque no lo tengamos, es parte de nuestro servicio. Y debemos aprender a desmitificar el libro, aprender de las tiendas Apple; no hay ninguna contradicción entre la naturaleza del libro y la necesidad de mercadearlo. Me parece también que cada título debería salir de la imprenta con un precio único, impreso” (Alexis Romero).
“Creo que todavía el mundo editorial necesita desarrollar un concepto de retail mucho más sofisticado que el que tiene actualmente. Todo lo que tiene que ver con el despliegue y el mix de productos todavía tienen mucho espacio de mejora para los lectores potenciales que pueden entrar en una librería. Eso implica un proceso de concientización gerencial muy importante por parte de los libreros, para poder crecer en sus negocios. Se trata de cosas sencillas, entender al lector como consumidor, cómo entra a una tienda, qué busca, cómo ve los libros en la tienda. Hay que pensar en generar espacios distintos en una librería, en eso hay mucho por hacer. Más que el costo del libro, me parece que el problema ahora del que hay que ocuparse es manejar el espacio de la librería” (Michael Penfold).
“A los libreros hay que pedirles que no se abandonen al lado oscuro y que sigan al frente de sus librerías. Abandonarse al lado oscuro es cerrar su librería y convertirla en una venta de lotería o en un concesionario de teléfonos celulares. También es decir que compraron los libros a un dólar con un precio X en el mercado paralelo y venderlos al precio Y para beneficiarse más de la cuenta... Todo hay que decirlo” (Roberto Echeto).
“Soy partidario de realizar muchas ferias, a todo lo largo del país; ferias bien organizadas, con amplia oferta, con presencia de autores, que privilegien la curiosidad y el interés de los lectores. Todo lo que en este momento incida en el abaratamiento del libro apunta en la dirección correcta” (Antonio López Ortega).
“Los libreros pueden contribuir haciendo bien su oficio, es decir, conociendo las novedades, sugiriendo, etc, como han hecho los buenos libreros siempre. Los autores no pueden hacer nada solos, sino es con la participacion del editor y el librero para promover, divulgar, etc.” (Ana Teresa Torres).
“La única manera de garantizar al libro es hacer que circule con un enfoque comercial, eso debería estar clarísimo a estas alturas. No estamos acostumbrados a manejarnos con estadísticas confiables, hablamos de números sin números. Cuando me dicen que tal o cual librería venden muchísimo, yo me pregunto qué es muchísimo. La gente no quiere dar cifras y el resultado es que a mucho nos toca trabajar a tientas. Me parece que cada quien no quiere salir de lo que ya sabe hacer y creo que es algo que los agrupa a todos. Por supuesto que ha cambiado las cosas, pero creo, aunque puedo equivocarme, que ninguna librería tiene una base de datos completa de sus clientes, de manera tal que estén agrupados por gustos y puedan recibir cada mes notificaciones con las novedades que les interesan. No sé, soy de las que creo que en la vida no hay grandes temas de fondo, sino pequeños problemas que necesitan solucionarse” (Blanca Strepponi).
SÉPTIMO ESLABÓN: FOMENTAR
“Aunque nos gusta la idea de que en los últimos años ha habido un auge editorial en el país, Venezuela sigue siendo un país que no lee. O, en todo caso, que no lee lo suficiente, lo aconsejable, lo necesario para la salud estética, moral e intelectual de un mapa entero. En el hogar del venezolano promedio es tradición no tener bibliotecas. Es una costumbre desoladora. Al venezolano le importuna leer, le parece tortuosa la idea de atravesar un libro de cabo a rabo, no está en el álbum de sus hábitos” (Leonardo Padrón).
“El interés de nuestros lectores es mayor que la oferta disponible. No hay ningún estudio serio que pruebe que aquí no se lee” (Alexis Romero).
“En Venezuela se lee. No sé si mucho o poco porque no sé con respecto a quién. A una parte muy importante de los lectores venezolanos le interesan más los libros de historia que los libros de ficción. A esos mismos lectores les interesan los tratados sociológicos, los reportajes y los ensayos que los ayuden a comprender su entorno y su presente. Es curioso como a una buena parte de esa lectoría no le interesa la ficción. La ficción parece interesarle (y mucho) a los lectores jóvenes. Ahí están la saga de Harry Potter y de Crepúsculo para corroborarlo. ¿Qué pasará con esos lectores en el futuro? Ya lo sabremos. Yo creo que nuestra realidad nos ha enseñado a mirar con recelo generalizaciones tan pesimistas como ésas de que aquí no se lee o no se escriben obras de calidad” (Roberto Echeto).
“El sector siempre puede hacer mucho más de lo que hace, pero un obstáculo formidable de estos tiempos es que las políticas públicas no le otorgan al Sector Privado ningún rol; más bien lo ven como enemigo, o como competencia. En países civilizados, el Sector es uno solo, cada quien cumpliendo su tarea específica, cada quien complementando lo que el otro no hace. Pensando en el lector invisible, o en el lector en formación, o en el lector que no tiene acceso, pienso que el Sector Privado debería abocarse a campañas de lectura. Campañas que no fueran tan sólo esfuerzos comunicacionales, sino mensajes acompañados de jornadas de animación, de intercambio con autores, de ferias populares, de lecturas abiertas. Hay ejemplos notables en América Latina que podríamos replicar. Todos suponemos que se está leyendo más, pero no tenemos estadísticas confiables. Se suponía que el CERLALC estaba concluyendo un estudio de índices de lectura en Venezuela, pero esos resultados no los conocemos. Todos los editores privados celebran que 2008 fue un buen año de ventas, lo que se traduce automáticamente en más lectores, pero sería interesante conocer las cifras oficiales en torno a las ediciones masivas del Estado que han ido a parar, según se nos dice, al sistema educativo. Un libro, en definitiva, es una operación sutil para abrir un espíritu. Y mucho desearíamos saber cuántos espíritus se han abierto en todos estos años” (Antonio López Ortega).
“Ni siquiera las editoriales internacionales que tienen casas en Caracas y editan a muy buenos autores venezolanos hacen nada por promocionar a los autores nacionales en el exterior. Esta es la razón de que nuestras letras sean tan ignoradas fuera de nuestras fronteras, que casi no existamos pese que nuestras producciones son buenas y pueden ponerse al lado de las mejores latinoamericanas de esta época. El desconocimiento de lo que hacen los escritores venezolanos es tal que en el 2008 Carlos Fuentes dio una conferencia en Madrid, repasó la novela latinoamericana actual y no citó a ningún autor o autora venezolana” (Roberto Lovera De-Sola).
“Hemos recibido hasta tres ofrecimientos en la Feria de Guadalajara de 2008 para distribuir nuestro fondo en México. Hace cinco años esto era impensable. Venezuela ha despertado el interés del mundo, se ha hecho carne de noticia y un efecto que fue generado por razones estrictamente políticas, ha ido goteando sobre todos los ámbitos, incluso el cultural. Si a estos ingredientes sumamos la multiplicación de nuevos autores con una visión más práctica del oficio de escribir, interesados en publicar para ser leídos, ansiosos por expresar su talento pero conscientes de las exigencias del negocio editorial, entonces tenemos un coctel, que bien batido dará a mediano plazo buenos resultados puertas adentro y, como consecuencia natural, en el exterior” (Ulises Milla).
“Lo primero que hay que lograr es el interés en los niños y jóvenes por la lectura, por los libros. Hay libros infantiles muy atractivos que compiten con cualquier juguete. La mayoría de los padres no lo saben. Cuando lo descubren y los compran, se dan cuenta de lo atractivo que son estos textos. Hay que empezar desde que el niño tiene unos 6 meses. Luego, hay una excelente variedad de títulos juveniles, no necesariamente clásicos de la literatura, pero con temáticas que atrae a los jóvenes de hoy. Lo importante es que lean libros que les gusten, que sientan el placer de haber terminado un libro que les gustó, dejándoles así el interés por leer más. Las ciudades, y más aún las alcaldías, deberían ofrecer muchas más bibliotecas públicas, con títulos de todos los temas y para todas las edades, adquiriendo novedades constantemente. De esa forma se garantiza el acceso al libro a todo el público” (Vicky Dum).
“La promoción de la lectura, que es lo que nosotros hacemos en el Banco del Libro, va por la ruta de una promoción del libro plural. El tema de que no todos los libros lleguen a Venezuela a tiempo es grave. Hay que seguir tratando de sensibilizar al sector público sobre eso. Pero aparte de esa coyuntura, el gran problema histórico del libro en Venezuela ha sido la distribución, y la falta de redes de librerías. Hay personas que traen libros, hacen investigación constante de lo que se produce, y ayudan, pero no es suficiente. Como tampoco lo es el acceso a los libros. Pese a que tenemos un sistema de bibliotecas, su cercanía a la gente siempre ha sido difícil. Se estaba haciendo un trabajo a ese respecto. Hemos insistido mucho en los últimos tiempos en los entornos lectores de proximidad, para acercar el libro a la gente en bibliotecas comunitarias, por ejemplo, romper esa sensación intimidante que producen las bibliotecas como un espacio reservado para los iniciados. Hay que hacer que los libros están más al alcance de todos” (María Beatriz Medina).
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