Kanor, Fabienne |
- “Sólo se conoce la África de la mitología"
- Marcel Ventura
Cuando se enteró de que podía hablar en francés soltó una carcajada de alivio. Llevaba media hora dando tropezones con el castellano, hablando bajito, como dudando de las mismas ideas que uno suponía, eran credo aprendido en su vida. Así, muy despacio, contó que cuando vino por primera vez a Venezuela, en el 2000, buscaba las raíces de la cultura africana en nuestro país, pero no tardó mucho en comprender que las raíces no están cerca de la superficie, no en Choroní y menos aún en Mérida y Margarita, tres lugares en los que pasó casi un mes: “No me sentí africana aquí. Hay otra manera de vivir el testimonio africano”, dijo con una mueca de esfuerzo, soltó la carcajada, y comenzó a hablar francés. Ahí empezó realmente la entrevista con Fabienne Kanor, escritora y cineasta nacida en Martinica pero nómada en este mundo tan adscrito a las fronteras.
Sus residencias han estado principalmente en París y San Luis (Senegal), pero antes de llegar a Venezuela venía de Burkina Faso y antes de eso, Malí. Quizás porque su piel es negra y sus rasgos delicados, quizás porque nació en las Antillas, habla francés, vivió bajo la influencia cultural canadiense y siempre ha buscado oír el latido de las Áfricas nadie termina de verla como europea, africana o antillana. Lo raro genera nervios en la sociedad cuando no se le consigue etiquetas y ella lo sabe, por eso escribe lo que escribe.
Aunque la nota de prensa se refería a Humus como un canto a la libertad en el que 14 mujeres se escapan de un barco negrero, la obra es mucho más: “Me impresiona que todavía cuando la gente se entera de que mi libro es sobre la esclavitud la gran mayoría piensa que van a encontrarse con la historia de un blanco opresor y varias mujeres oprimidas. No, esta es una historia para hablar del amor y de la libertad como el gran anhelo de una mujer que incluso prefirió hacerse esclava porque sabía que en el barco tendría la posibilidad de conocer el mundo. La misma mujer que luego se enamora del supuesto opresor, quien a su vez se enamora de la supuesta oprimida”, enfatiza Kanor con un francés recio; hasta el color de la voz le cambia
Esta es la tercera vez que la martiniqueña visita Venezuela, por segunda ocasión en el marco de la semana de la Francofonía de la Alianza Francesa y ahora atraída por las políticas del gobierno bolivariano orientadas a recuperar la identidad aborigen y africana del venezolano. Sin embargo ella no confía ciegamente: “No sé si se trata de una mera decisión política o es algo que está surgiendo de la sociedad porque al estar aquí no siento el gesto del ancestro africano, no hay búsqueda de raíces. De hecho, desde el punto de vista práctico no hay puentes entre la África moderna y Venezuela, no hay vuelos directos a ninguna ciudad.”
El viaje y las fronteras son otro tema importante en su vida, ideas que contenidas en la globalización se muestran como piedra angular de su discurso. Kanor es curiosa, curiosísima, trata de pronunciar la palabra arepa, aunque aún no se anima a probarla, pregunta por la santería en el país, por las religiones, por los lugares de culto; pero pregunta, sobre todo, por los afrodescendientes venezolanos: “¿Por qué se visten así? Así, como blancos, como estadounidenses” -se acomoda el pañuelo anudado en su cabeza y sigue- . “Esa idea de que el mundo es uno sólo es una falacia, todavía más en la actualidad, cuando tenemos más fronteras que nunca. Eso niega la identidad propia de las culturas y aunque el mestizaje me encanta siento que vamos demasiado rápido. Venezuela, por ejemplo, es una sociedad precipitada hacia la modernidad, así como buena parte del mundo y eso es negativo porque nos hace perder la riqueza de las identidades. Además, cuando alguien levanta la voz en contra de eso entonces es marginado, lo etiquetan de separatista, de regionalista.”
Contra las visiones predecibles
La novela Humus no aborda necesariamente el tema de la globalización, pero la manera en que rompe ciertos lugares comunes con su narrativa apunta a criticar las ideas implantadas que han resultado de ese proceso “que sólo le conviene a los países con poca historia”. Humus, ganadora del premio que otorga el canal de televisión Réseau France Outre-mer, va más hacia el descubrimiento de la identidad femenina a partir de ciertos hechos históricos que Kanor completa con la ficción. El resultado ciertamente es una visión de la libertad como el fin último, como posibilidad para que el ser humano recupere su relación con la tierra, origen tanto del hombre como de la mujer. Se trata de la identidad más allá de los clichés y maniqueísmos: “Todo son bloques hoy en día y ese es un problema. Estoy cansada de que me pregunten por el papel de la mujer en el mundo, por los derechos de los negros, por la opresión. ¿De verdad es necesario? ¿No está claro que nuestra identidad es algo que va más allá de esas divisiones tan absurdas? (...) Ocurre algo similar con África, porque desde Occidente se conoce la África de la mitología pero no las Áfricas de la realidad y en África ven al norte como los grandes proveedores de dinero y nada más. No entienden que un europeo, por ejemplo, quiera hacer vida entre ellos y lo sé porque así me siento cuando voy ahí.”
El panorama del futuro no está nada claro para la autora, que habla del Homo economicus en plena crisis económica mundial, una especie humana orientada hacia las relaciones comerciales y que se ha olvidado del conocimiento mutuo a partir de los matices de la identidad, del diálogo con el otro. Estamos en un lugar repleto de imágenes impuestas y la obra literaria y cinematográfica de Kanor quiere deconstruir esa visión predecible, pero no utilizando las figuras de siempre: opresor-oprimido, hombre-mujer, negro-blanco; no. Humus, y antes de eso D’eaux douces (De aguas dulces), o su más reciente película C'est qui l'homme? no toman el camino de generar compasión por el menos favorecido sino que busca nuevos códigos, quizás lejanos en la vida real pero posibles en la literatura, la pintura, el cine; el arte: “En Humus yo quería escribir el canto del mar y me fui al litoral senegalés para ver si podía reconocer cómo canta el océano su memoria, el sol, la luna, la ira, pero no pude representarlo. La literatura tiene códigos tan complejos como la realidad y aunque mi intención no es ignorarlos sí quiero cuestionarlos. Busco una novela que sea como la vida, en la que el personaje principal sea uno diferente cada vez, que el lector alcance un grado de complicidad absoluto conmigo. Si el mundo ha cambiado tantas veces no sé por qué no tratar de producir esos cambios desde el arte también. El mundo es de quien lo lee.”
-
Vista de Impresión
|